Cada vez se vuelve más latente la necesidad de dar respuesta a los clientes a través de proyectos que sean capaces de demostrar su valor en el menor tiempo posible. En nuestros días, donde los cambios invariablemente existen y se dan de forma constante, se vuelven obsoletos aquellos proyectos que no muestran una alta flexibilidad para adaptarse a estos cambios.

En el año 2001 se reunieron 17 personas involucradas en el desarrollo de software para, de alguna manera, dar estructura a una corriente que había comenzado a tener algunos indicios desde 1968 y que para la década de los 80 comenzó a tener un mayor auge. Estas personas se reunieron en las montañas de Wasatch, Utah, en los Estados Unidos, del 11 al 13 de febrero para hablar sobre las alternativas a los pesados procesos de desarrollo de software que habían surgido de manera aislada a través de los años.

La reunión de estos pensadores, los cuales en el plano laboral llegaban a ser competidores entre sí, dio como resultado: “El Manifiesto Ágil”, un punto en común para el desarrollo de software de buena calidad, en tiempos cortos y flexibles a los cambios. Este manifiesto integra 4 valores que se vuelven claves en la nueva filosofía Ágil.

Valores del Manifiesto Ágil.

Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas.

Las personas son los actores claves en un proyecto, son quienes van a determinar el éxito del mismo. Por lo que, por encima de tener procesos bien definidos y herramientas que sin duda resultan útiles, es necesario poner especial atención en las personas que conforman los equipos de trabajo, la forma en que se comunican y los obstáculos que puedan llegar a impedir el cumplimiento de sus objetivos.

Software funcionando sobre documentación extensa.

Es importante recalcar que este valor del Manifiesto Ágil no desestima la importancia de la documentación. Sin embargo, al fomentar una mayor interacción entre los individuos que participan en los proyectos, gran parte de la documentación no requiere ser extensa. Solo se deben producir los documentos estrictamente necesarios.

A través de la entrega temprana e incremental de software, justificamos el proyecto y brindamos valor al negocio.

Colaboración con el cliente sobre negociación contractual.

El cliente debe ser involucrado en un papel más activo dentro del proyecto, ya que es él, quien sabe más que nadie lo que necesita o desea. Por encima de tener un contrato detallado y pasar por una larga negociación donde se pone especial atención a lo que pasará en caso de no cumplir los objetivos, se debe procurar una interacción más cercana con el cliente a lo largo de toda la vida del proyecto para que el resultado sea la satisfacción de dichos objetivos.

Establecer una buena relación con el cliente trae diversos beneficios al proyecto, como por ejemplo, reducir esa brecha generada por las expectativas del cliente y lo que en verdad genera el proyecto.

Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan.

Cuando una planeación se ha realizado de forma exhaustiva, quienes se encuentran trabajando en el proyecto no reciben con buen agrado los cambios que inevitablemente se van presentando en todo proyecto. El hecho de haber dedicado gran parte del tiempo a una planeación, no asegura en lo absoluto que el desarrollo del proyecto no sufra cambios, esto es imposible hoy en día, la tecnología, los mercados, las leyes, todo está cambiando constantemente.

Aquellos negocios que son vistos como innovadores tienen un especial interés por ser quienes van al frente de los cambios. Por el contrario, negocios que en una época fueron exitosos y que hoy han quedado en el olvido, muchas veces se negaron a aceptar el cambio.

Aunque este manifiesto tiene su origen en proyectos de desarrollo de software, los 4 valores que aquí se presentan son aplicables en proyectos de cualquier tipo, siempre que tengan la intención de generar verdadero valor al negocio de los clientes.

Sobre el autor: Omar García.

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