Si lo piensas bien, la única razón por la que cometemos errores es porque no sabemos algo, y si haces algo nuevo, entonces, por definición, estás haciendo algo que no sabes. Entonces, si tratas de decir: ‘es muy importante no cometer ningún error’, estás diciendo: ‘es muy importante no hacer algo nuevo’”, Ed Catmull co-fundador de Pixar.

Al voltear a ver todas las grandes empresas de la actualidad, es probable que olvidemos o incluso desconozcamos, que atrás de los logros obtenidos y la imagen de éxito que reflejan hoy en día, hay una larga lista de fracasos. Apple por ejemplo, quien es hoy la marca más importante a nivel global, cuando decidió que entraría al mundo de la telefonía celular se asoció con Motorola para crear un teléfono llamado ROKR el cual carecía del minimalismo y la estética que hoy le conocemos a los productos de esta marca. El resultado final de este primer encuentro de Apple con los teléfonos celulares fue un rotundo fracaso, sin embargo sirvió para que a partir de ahí comenzarán a trabajar en el primer iPhone, un producto que sin duda marcó un antes y un después en más de una industria.

Todos quisieran que de su empresa saliera el próximo iPhone, ese producto revolucionario que marque un antes y un después, o por lo menos ha rondado esa fantasía por sus mentes. Sin embargo, al analizar fríamente la situación y darse cuenta que al origen de un producto innovador le preceden una serie de intentos fallidos, pocos se atreverán a asumir los riesgos.

Los seres humanos estamos programados, en unas culturas más que en otras, para señalar a quien comete errores, por lo que no cualquiera se atreve a intentar algo en lo que no se siente seguro y donde corre el riesgo a fallar. Como lo menciona Ed Catmull, en el libro Creativity Inc: “Desde una edad muy temprana, se nos ha inculcado el siguiente mensaje: el fallo es malo; el fallo significa que no has estudiado ni te has preparado; […] Por lo tanto, el fallo es algo de lo que hay que avergonzarse. Esta percepción se transmite a la edad adulta.”.

En la mayoría de los casos, los fallos son la consecuencia inevitable de hacer algo nuevo, por lo que deberíamos cambiar nuestra percepción hacia ellos, como menciona Catmull: “tenemos que reconocer tanto la realidad del dolor como el beneficio del crecimiento resultante.”. Es inevitable, a todos nos avergonzará cometer errores, no hay duda, pero si lo vemos desde una perspectiva más amplia lograremos identificar las lecciones aprendidas y en muchas ocasiones nos daremos cuenta que entre más rápido fallemos será más fácil recomponer el camino.

Como líder de un equipo de trabajo, o de toda una organización, la recomendación sería, fomenta una cultura organizacional donde quien comete un error no sea señalado, en donde las personas se sientan en la libertad de aceptar sus fallos sin temor a represalias, donde la gente no se ponga a la ofensiva ante un error, donde no se busquen culpables, y sobre todo, fomentar una cultura donde las personas se sientan bien asumiendo riesgos, ya que es la única forma en la que su equipo se atreverá a salir de la zona de confort, buscando originalidad y encaminándose a soluciones innovadoras.

Fracasar duele, pero es el precio a pagar en la búsqueda de la innovación. ¿O ustedes qué opinan? Te invitamos a dejar tus comentarios y estar al pendiente de los próximos artículos con temas de innovación.

Sobre el autor: Omar García

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