Por Julio Jesús Matus Nakamura, PMP.

Hace algunos años, recuerdo que uno de los capítulos del PMI que más admiro en el mundo por innovadores, lanzaba un estudio relacionado con el cromosoma XX de la Dirección de Proyectos; en realidad no tengo más información al respecto pero me llamó mucho la atención el tema, así que solicite a una gran colega de esta región situada en el viejo continente, que compartiera los resultados del estudio conmigo, para compartir a su vez con ustedes queridos lectores, este conocimiento tan sui generis.

Ello dio pie a que reflexionara recientemente sobre una pregunta: ¿De dónde surge mi gusto, amor y gran pasión que tengo por la Dirección de Proyectos? Y después de dar varias vueltas en distintos aspectos tanto personales como profesionales, tengo una teoría bastante sólida al respecto.

Si bien comencé los estudios de la disciplina de forma profesional allá en los finales de los 90’s, gracias a que una empresa tan importante como IBM me permitió aprender, practicar y disfrutar de tan maravillosa profesión, considero que el origen se remonta todavía unos años antes.

Bien, pues al igual que muchos de ustedes, aprendí a dirigir proyectos de forma práctica, sin conocimiento de procesos, grupos de procesos o áreas de conocimiento; simple y sencillamente definiendo el objetivo, a veces planeando y si no, directamente ejecutando hasta obtener los resultados planteados. Probablemente todo ello por imitación, así es… recuerdo mis primeros proyectos en la vida por ejemplo, armar un rompecabezas probablemente de un máximo de 10 piezas, o realizar figuras de plastilina, o llenar una plana de un cuaderno con el nombre de un animal; proyectos que quizá hoy en día suenen bastante triviales pero que en su momento fueron un reto. Evidentemente, nada de ello habría concluido exitosamente de no haber contado con un Project Manager que dirigiera e hiciera las veces de mentor, tal y como lo señala el PMBOK.

Así que si hay alguien capaz de manejar con maestría la triple restricción, es quien desempeño esta figura de Project Manager que les comento y prueba de ello es que en la casa nunca falto comida, vestido o lo necesario para estudiar. Grandes lecciones de cómo administrar eficientemente el tiempo vienen a mi mente hoy que recuerdo como este gran PM tenía que distribuirlo entre mi hermana y yo. De igual forma puedo recordar excelentes negociaciones realizadas para abastecimientos, con stakeholders de diversas categorías, muchas veces duras pero siempre saliendo avante. La calidad por ejemplo, nunca fue cuestionada o puesta en duda para ninguno de los proyectos que manejo este PM y hasta la fecha, sigue realizando con la máxima perfección cada detalle en los WBS’s a su cargo. Y qué decir del manejo de riesgos, si estaba nublado siempre nos abrigaba, si escuchaba un ligero tosido o un estornudo, a medir la temperatura; no se le escapaba el menor síntoma de la detonación de un riesgo para inmediatamente tomar acciones preventivas y en el peor de los casos correctivas. El área de conocimiento de comunicación probablemente es la más complicada de manejar para este gran PM, al igual que para cualquiera de nosotros; pues imaginen como harían ya no para entender a la perfección al cliente, sino para comunicarse con alguien que no sabe hablar; fueron años de esfuerzo, paciencia y dedicación de tan maravilloso PM para lograr una excelente comunicación que trasciende el lenguaje… así es, probablemente ya adivinaron quien es este PM; a tan solo unos días de haberse celebrado el día internacional de la mujer, sirva este breve artículo para hacer un homenaje a todas las madres del mundo que nos han dado grandes lecciones de cómo dirigir proyectos sin estar certificadas. Los invito a ver este maravilloso video, no es nuevo, pero vale la pena:

Cito a George Washington, quien decía: “Todo lo que soy se lo debo a mi madre. Atribuyo todos mis éxitos en esta vida a la formación moral, intelectual y física que recibí de ella.

Dedicarse a la profesión de Project Manager es un gran reto, pero considero que la maternidad es la vocación más noble de la tierra, la más bella de todas las artes y la más grande de todas las profesiones. Sin duda alguna, nuestras madres merecen el más alto honor que podamos rendirles.

Opt In Image
¡Suscríbete a Proyectum!

Recibe lo mejor de Proyectum en tu correo