Aunque año tras año vemos como incrementa el papel de la mujer en el mundo laboral, aun es una realidad que su participación en el mundo de los negocios es mínimo comparado con el de los hombres, sobre todo si hablamos de puestos de liderazgo. De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el desarrollo Económico (OCDE), las mujeres ocupan sólo uno de cada 10 puestos en las juntas directivas de las principales empresas en los países pertenecientes a la organización.

Como se menciona en el libro “Lean In” de Sheryl Sandberg, jefa de operaciones de Facebook: “La cruda realidad es que los hombres siguen gobernando el mundo. Esto significa que, en lo que respecta a la toma de decisiones que nos afectan a todos, la voz de las mujeres no se escucha por igual. De los 195 jefes de estado que existen, solo 17 son mujeres. Estas ocupan tan solo el 20 por ciento de los escaños parlamentarios de todo el mundo. En las elecciones estadounidenses de noviembre de 2012, las mujeres obtuvieron más puestos en el congreso que nunca, lo que supuso elevar Dia mujerla cifra hasta un 18 por ciento. En el Parlamento Europeo, la tercera parte de los puestos está ocupado por mujeres. En España, el 35 por ciento de los puestos los ocupan mujeres. Ninguna de estas cifras se aproxima al 50 por ciento. El porcentaje de mujeres que ocupan puestos de liderazgo es incluso inferior en el mundo empresarial. Tan solo un escaso 4 por ciento de los 500 principales directores generales de Fortune son mujeres.”

Todos estos datos reflejan que sigue existiendo una añeja costumbre social y cultural acerca del rol de la mujer dentro de la sociedad. A pesar de ocupar mejores puestos en la actualidad, la condición de la mujer aun se sigue viendo limitada, el llamado: “techo de cristal” se sigue manteniendo presente y son pocas quienes logran romperlo para hacerse de un puesto de liderazgo.

El “techo de cristal” es un concepto acuñado para definir las barreras que impiden a las mujeres subir a un siguiente nivel dentro de la estructura organizacional de la compañía en la que trabajan. Esta barrera es creada y sigue siendo fomentada por los estereotipos que aun nos rigen, a los hombres, a las empresas e incluso a las mismas mujeres. Los propios padres educamos, a veces de manera inconscientes, de forma diferente entre hijos hombres y mujeres. A los hombres se les exige un mayor rendimiento desde la escuela, en el campo profesional, sus logros le son atribuidos a sus capacidades y su constante preparación. En cambio, a las mujeres, cualquier logro profesional es atribuido más hacía la suerte que hacía sus capacidades, en lo educativo no se espera de ellas que estudien carreras que impliquen ciencias, tecnología o matemáticas, incluso si deciden abandonar sus estudios no se les alentará a seguir tanto como lo hacen con un hombre, así lo revela un artículo publicado en The New York Times.

Los hombres son educados desde casa para tener ciertas actitudes de liderazgo pues se espera que ellos sean responsables de dirigir, por lo menos a su propia familia, en cambio las mujeres que comienzan a adoptar roles de liderazgo se les ve más bien como mujeres mandonas en lugar de verlas como líderes.

El término: “techo de cristal” surgió en la década de 1980 y desgraciadamente hoy, después de casi 30 años sigue latente. Se les sigue impidiendo a miles de mujeres en el mundo alcanzar las metas profesionales para las que están plenamente capacitadas, sobre todo por prejuicios dentro de las organizaciones acerca de la capacidad de la mujer para desempeñar puestos de mayor responsabilidad, así como sobre su disponibilidad laboral ligada a la maternidad y a las responsabilidades familiares.

A unos días de conmemorar el día internacional de la mujer es un buen momento para hacer conciencia sobre las actividades que estamos haciendo o dejando de hacer para que las mujeres por fin se puedan liberar del techo de cristal.

Sobre el autor: Omar García