Dentro de las organizaciones, cada puesto de trabajo es medido en función de los resultados que se entreguen. Como director de un equipo de trabajo asignamos diferentes tareas las cuales deseamos que se realicen de la forma correcta y en el tiempo esperado. Es nuestra responsabilidad proporcionar a nuestros colaboradores los recursos necesarios para que se cumplan con estas tareas en tiempo y forma. Al final deseamos obtener resultados y estos no se pueden calificar como: malos, regulares y buenos, más bien deberían ser calificados en una escala binaria, se entrego el resultado o no.Buena excusa

Los resultados, son el principal factor por el cual somos medidos en cualquier aspecto de la vida, desgraciadamente desde pequeños nos van enseñando que a veces se pueden conseguir resultados a medias sin realmente hacer el esfuerzo necesario. Como ejemplo, en la escuela siempre había una clasificación mínima aprobatoria, la cual muchas veces era el parámetro a alcanzar para poder pasar la materia, el semestre o incluso aprobar la carrera. Si en vez de esto solo existieran dos opciones, aprobar o reprobar, sabes o no sabes, demostraste capacidad o no, mostraste resultados o no, la exigencia hacía nosotros mismos sería mayor.

Como director de un equipo de trabajo debemos exigir resultados, obviamente sin olvidarnos que es nuestra responsabilidad brindar los recursos necesarios para que estos resultados se den, no debemos aceptar excusas, ya que muchas veces se va formando un círculo vicioso. Una excusa es una razón lógica para no hacer lo que uno debería hacer. Cuando solicitamos resultados a uno de nuestros colaboradores y este nos dice: “ya casi esta”, “en un día más queda”, “lo que pasa es que”, es obvio que se está justificando, está poniendo excusas, excusas que si las aceptas, las deberás trasladar con tu superior o con el propio cliente. Por esta razón resulta muy importante que no les demos la opción a nuestros colaboradores de justificarse y poner excusas, los resultados fueron los obtenidos o no, no hay espacio para puntos intermedios.

Cuando llegamos con nuestro cliente lo único que espera es un resultado terminado de acuerdo a sus expectativas, si el proyecto se retraso, de poco le servirá al cliente saber las excusas de tus colaboradores, por más lógicas y razonables que estas parezcan.

Dejar a un lado las excusas es el primer paso para darnos cuenta que la responsabilidad de nuestro propio éxito es responsabilidad única y exclusivamente de nosotros mismos. Es fácil culpar al vecino, al gobierno, a nuestro jefe, al cliente, a nuestra familia, a la situación económica del país, en fin, podemos aventarle la pelotita a quien sea para no hacernos responsables de los resultados que entreguemos, del éxito o estancamiento que obtengamos. Es en serio eso de que somos el propio arquitecto de nuestro destino.

Si somos de las personas que comúnmente ponemos excusas en lugar de entregar resultados, es momento de hacer una alto para reflexionar. Las personas exitosas no tienen menos problemas que los que no lo son, pero si tratan los problemas de diferente manera, no es cuestión de suerte, ellos han sabido darse cuenta que quien debe tomar las riendas de su destino son ellos mismo, echar la culpa a los demás o a factores externos, es lo más fácil pero de este modo nunca se han resuelto los problemas.

El éxito no es algo que se consigue de forma sencilla, requiere de autodisciplina y dejando de lado, los pretextos, justificaciones y excusas.

Sobre el autor: Omar García