Existe gran cantidad de información en libros impresos y en toda la Internet sobre los principales motivos que llevan a un proyecto al fracaso, también existen un centenar de metodologías que aseguran ser las correctas para tener más proyectos exitosos y menos fracasos. Lo cierto es que siguen y seguirán existiendo los fracasos, ni la mejor metodología aplicada de la mejor manera, ni el mejor líder de proyecto con decenas de certificaciones, podrán algún día asegurar el éxito de un proyecto.

En los negocios hay una frase que dice, “Si vas a fallar, hazlo rápido”. Resulta difícil de pensar que un gran proyecto que concluye con éxito no tuvo a lo largo de su desarrollo sus pequeños fracasos. El tan solo escuchar la palabra “Fracaso” nos puede provocar complicaciones, pero si nos sentamos a analizar objetivamente las cosas, los fracasos no son tan malos cuando sabes encontrar el por qué sucedió. Encontrarte con el fracaso en un etapa inicial de tu proyecto puede servir de mucha ayuda para enderezar el camino, entre más avanzas, la criticidad de cualquier error va aumentando y los fracasos en las etapas más avanzadas del proyecto resultan más dolorosos. Miedo al fracaso

Con todo esto, no queremos decir que abras un nuevo proyecto y hagas hasta el último intento por fracasar en tus primeras tareas, todo lo contrario, la idea es abrir nuevos proyectos y aventarse a tomar riesgos. Muchas veces preferimos mantenernos al margen pues lo desconocido siempre puede llegar a atemorizarnos, buscamos tener el mayor control posible para asegurarnos que nada va a fallar, le damos mil vueltas al asunto para validar pros y contras, y por lo regular son los contras los que adquieren más peso para hacernos creer que es mejor no arriesgarnos. Pero fallar y cometer errores es un proceso totalmente natural, de hecho al ponernos a pensar, muchas veces las experiencias donde cometimos errores nos dejan mucho más aprendizajes que aquellas donde el camino no se complico.

Es difícil garantizar el éxito a futuro, sobre todo en los proyectos donde se integran una gran cantidad de factores totalmente ajenos a nuestros deberes. Por más pequeño que sea un proyecto siempre estarán involucradas varias personas en el desarrollo del mismo, y aunque tal vez la mayoría de estas personas dependen de las instrucciones que nosotros les indiquemos, siempre estarán los proveedores o nuestros mismos clientes de los cuales dependemos para que un proyecto avance con armonía. Es verdad que todos estos puntos los debemos tomar en cuenta como posibles riesgos, dentro de nuestro plan de trabajo deberán estar contemplados, pero aun así no podemos esperar que las metodologías apliquen de la misma manera para todos los proyectos, organizaciones, culturas, intereses, presupuestos, etcétera.

El miedo a fracasar es el principal factor para no arriesgarnos y al tener la mente en todo momento puesta en que seguro vamos a fallar, no habrá duda de ello. Debemos salir con la mentalidad puesta en conseguir los resultados que queremos obtener en cada proyecto, si vemos venir el fracaso muchas veces es mejor aceptarlo, lo peor que se puede hacer es postergarlo a etapas futuras del proyecto donde puede ser más costoso. No hay que temerle al fracaso pues solo fracasan aquellos que lo intentaron, el único fracaso real es nunca haberlo intentado.

Nos seguiremos equivocando y ninguna metodología lo podrá evitar, será mejor dejarle de tener miedo al fracaso y en su lugar aprender de el, veámoslo como un paso más para llegar al éxito.

Sobre el autor: Omar García